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Un tipo es rechazado por numerosas universidades. La presión que sufre por parte de sus padres porque entre al menos en alguna, le lleva a inventarse que ha sido aceptado en la South Hampton Institute of Technology, de siglas SHIT, es decir, MIERDA, es decir, ja-ja. El tipo se llama Bartleby, como aquel personaje de Melville experto en procastrinación.
Bien, el tipo, el Bartleby éste construye una página web falsa, que en principio le basta a sus padres, pero éstos, mosqueados por lo vago que es su hijo, deciden ir a visitar el campus. Como no hay campus, Bartleby y sus amigos restauran un viejo psiquiátrico para que hacerlo pasar por campus. Aquí la lógica pasa de cartesiana a difusa. Veamos: un tipo que es incapaz de aprobar la selectividad, cuyo mayor logro es pasarse el Call of Duty, es capaz de crear una falsa universidad, física, que engañe a sus padres, universitarios ellos.
Total, que la cosa va bien, hasta que otra gente, es decir, todos los fracasados de la región (strippers, gente con problemas psiquiátricos, en definitiva, los que han sido rechazados por las unis guays) se apuntan a esta falsa universidad y pagan religiosamente los 10000 dólares de la matrícula.
Por supuesto, es preferible la injusticia al desorden. La uni se convierte en algo así como un botellón 24x7 donde cada uno aprende lo que quiere. Por ejemplo, a montar en monopatín o a pasear por la calle. A lo largo de la película se suceden una serie de estereotipias ya por todos conocidas según las cuales, la rubia maciza que está con el grandullón del equipo de rugby se enamora del Bartleby este, que para no ir a la universidad, se convierte, así, de la noche a la mañana en todo un decano, relaciones públicas, gestor… Etcétera.
Y por supuesto, llega el momento de la captura. Las autoridades educativas descubren el chito y amenazan con llevar a Bartleby a la cárcel. Pero como es una comedia, al final Bartleby, delante de un comité educativo, que puede meterle un puro por montar una institución sin servicios adecuados, declama un discursito sobre la importancia de desarrollar la creatividad, no sé, bebiendo cerveza y haciendo gestos de surfero enrollado, y lo mala que es la uni de verdad, la uni de chapar y dejarse los codos y luego ocupar puestos en la directiva de empresas y jugar al squash o acabar como funcionario, ah no, qué asco, tabasco, estudiar, puagh. Y claro, emocionados, los miembros del consejo, le dejan seguir con su uni, o más bien con su estafa de proporciones gedeónicas. Imaginen que Madoff, el de las pirámides no precisamente egipcias, hubiera lanzado un speech diciendo que lo que fomentaba era la inversión en América, que él vendía ilusiones y que ¿no es éso lo más importante del mundo? ¿No es él un americano? Pues nada, Bartleby se sale con la suya, las universidades tradicionales son una mierda y todo vuelve a su cauce normal en el esquizofrénico mundo de las películas de colegas. Viva el bien.