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Un tipo se siente solo, así que contrata los servicios de una puti. Lo que pasa es que la puti no es puti de verdad, sino que es una estudiante que trata de hacer algún dinerillo para pagarse la carrera. Así que quedan y proceden al intercambio sexual. Como los dos son más bien ingenuos pues al final se quedan embarazados, en concreto ELLA se queda embarazada y él se queda prendado de ella. Y aquí es donde empieza toda la movida de la obra porque claro, ellos estaban ahí por y para lo que estaban, y ahora tienen que enamorarse. ¡Qué lío, Faustino!
No se habla aquí del cuento de La Cenicienta reconvertido para estómagos delicados, aberración llamada “Pretty Woman” que promovía un cruel doble significado: si uno empatizaba con los personajes, ¿eran entonces todas las mujeres putas y todos los hombres surtidores de dinero esperando a que La Chispa del Amor (tm) surgía de la magia del guión y los convirtiera en una aburrida y convencional pareja pequeño-burguesa con ese terrible monstruo en el armario? (Lo más interesante de Pretty Woman es precisamente lo que no pasaba en la peli: cuando se casen, tengan una hija, la hija crezca y le pregunte: mamá, papá, ¿cómo os conocisteis? Pues mira, tu madre era una puta y yo un putero. Eso sí que es una película.)
Y los personajes, dos, de Stitching (algo así como: “coser”), lo intentan, se tratan de coser el uno al otro, a través del crío por nacer o de las virutas de romanticismo que hubiese en sus encuentros eróticos, y no lo consiguen: se destruyen cuanto más se acercan uno al otro. Hay tanto amor en regalarle un ramo de flores a tu puta favorita como en raparte el chichi y luego cosértelo como prueba de sumisión, de derrota, en que al personaje se le ponga dura viendo a mujeres caminando desnudas por el barro de Auschwitz, en que quieras que tu chica se vista como una colegiala porque en realidad te ponen las colegialas.
Por supuesto la obra mereció el mejor premio: prohibida en países como Malta le dió la razón a Neilson y, quitando allá esos lapsus donde asegura que las tías se pintan los labios para que se parezcan a sus otros labios sobrevive o más bien late una historia universal, bastante más clásica de lo que parece, bueno, Romeo y Julieta, a lo hardcore.
Una joyita escocesa.