Mugu |
mugu es el único blog que genera contenido propio, aunque sea una idiotez. |
Un tipo quiere hacerse rico. Para ello viaja hasta Sudán y allí compra el polvo de un escarabajo exótico, que al parecer tiene los mismos efectos que el Viagra. El tipo se dirige entonces a París, donde se supone que debería estar estudiando para ser empresario y por tanto no debería embarcarse en empresas que le hagan perder el tiempo, y fabrica pastillas con el potente afrodisíaco. Gracias a sus contactos, comienza a vender el Viagra a cónsules, ministros, etcétera y se hace con un importante capital. No contento con ello, una vez vuelve a su Inglaterra natal, contacta con un bioquímico que le cuenta un experimento que ha ido realizando durante los últimos años. Congelar semen de toro (de hecho cuenta una anécdota superdivertida donde el miembro de un semental le golpea en la cara). Así que deciden que van a congelar el semen de grandes artistas e intelectuales de la época (Shaw, Proust, Freud, etcétera) y vendérselo a señoras que quieran tener hijos con los genes de tales tipos. Total, que una guapa estudiante les servirá de cebo. Mientras la estudiante se cepilla a toda la plana de intelectuales europeos, el narrador hace un repaso-homenaje a los grandes compositores, escritores e intelectuales de principios de siglo.
Un lector, cuando agarra un libro, lo lee y lo termina le ha concedido, quizá sin saberlo, algo más de vida. Lo normal es que uno se lea un libro durante cien o doscientas páginas y luego lo mande a la mierda, total, leer, hoy día, supone un esfuerzo muy a tener en cuenta. Teniendo el rincón del vago y los blogs, ¿para qué querría uno leerse doscientas páginas de cosas que le pasan a personajes irrelevantes? Yo particularmente odio leer. Todo, hasta lo experimental tiende a ser una reconstrucción de la inane vida del autor: mira lo que amé, mira lo que luché, mira con quién me codeé… No sé, cada vez que alguien narra la poética muerta de un cenicero lleno de colillas con carmín en un piso de soltero me dan ganas de hacer como el toro de Roald Dahl. El neorromanticismo urbano, sobre todo el autorreferencial, apesta. Los libros sobre escritores o sobre libros de escritores son como un luminoso en el que se anuncia: problemática ausencia de ideas. De vez en cuando el lector, el mal-lector, como el que suscribe esto, se encuentra a autores como Roald Dahl, Javier Tomeo y compañía, autores que sin pretender una profundidad intelectual absurda, consiguen desarrollar en sus escritos una nobleza que encadena de por vida a sus cínicos lectores y por tanto su reconocimiento. Así sí que merece la pena mangar libros.