Mugu |
mugu es el único blog que genera contenido propio, aunque sea una idiotez. |
Un tipo se acerca a una mesa donde dos estudiantes americanas están cenando y solazándose con la vista del mismo tipo que se les aproxima y va y suelta: “oye, quiero que vosotras dos, sí, vosotras dos, afortunadas y poco sofisticadas turistas americanas en Barcelona, vengáis conmigo a Oviedo, en mi avioneta privada y hagamos el amor, alternativamente, los tres, mientras hablo de arte y de cómo cojones he conseguido tener una avioneta privada dedicándome a la pintura en este país (sin especificar qué país es al que se refiere para no herir identidades).”
Es el momento álgido (y tomo álgido en el sentido de la RAE: muy frío) de la película. Luego las tipas conocen a la mujer del tipo este, que es pintor y Javier Bardem al mismo tiempo, Penélope Cruz, que es pintora y mujer, en la vida real, de Javier Bardem y que se llevó un Óscar (Penélope) aunque también se lo llevó el marido de ésta, el tal Bardem, por una película en la que aquélla no aparecía, una en la que sale con el pelo cortado a tazón y se dedica a matar gente con una bombona de butano. Sea.
La película, en líneas generales, es mala. Mucho folleteo, mucho lío de faldas y poco Woody Allen. Si se hubiera utilizado otro título, por ejemplo “Documental descaradamente financiado por la Generalitat para la entronización y proyección turística y a ser posible histórica de Catalunya, allende los mares, con la no menos menospreciable mención y apoyo de Oviedo”, entonces sí, sí sería un buen producto y estaría dispuesto a hablar un poco más en serio de ello, pero es que… Bueno, el rollito flamenco pero no muy andaluz, sino así como muy discreto, sin sarao ni pescaíto frito, con el público tirado en el suelo como si estuvieran escuchando un cuento o de botellón, los correbous (o algo parecido), el máster en identidad catalana que una de las protagonistas cursa, las incomprensibles (y repetidas) escenas en el Raval y alrededores, el casual encuentro en el parque Güell, Javier Bardem, de los Bardem de toda la vida, etcétera, dan poco lugar a algo parecido a una historia. Solo faltaba Messi haciendo el signo de la victoria por detrás.
Y nada, no hay situaciones así como graciosas, los conflictos son más bien livianos y no está “ese” personaje Woody Allen que aparece en todas sus películas.