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Un tipo autista viaja desde su India natal (me encantan este tipo de frases de contraportada de libro de Anagrama: “su-India-natal”) a América y allí se encuentra con su hermano, que lleva un negocio de cosméticos. Aquí se da la primera paradoja de la película. El hermano dice “hey, esto es América, vine aquí sin nada y ahora ya me ves. Es la tierra de las oportunidades” y acto seguido enchufa a su hermano. Como todo buen Asperger cinematográfico, nuestro héroe, Khan (pronunciado Jan, con velar, sorda, fricativa) es en realidad un genio en extremo tímido. Estas caracterizaciones tan bondadosas, como las de los bipolares que son genios, los esquizofrénicos ocurrentes y los paranoicos cómicos, ayudan a la progresiva selección social de la raza. Así, si por ejemplo tenemos un hijo asperger que no es capaz de contar el número de cerillas que se caen al suelo en un momento dado, o nuestra hermana, obsesivo-compulsiva, no va dando saltitos por la calle para no pisar las líneas de la acera, podremos empaquetarlos a un manicomio o a un campo de concentración sin complejo alguno. El mundo tiene que ser ocurrente, genial, cómico y, sobre todo, idiota.
El Khan este es, por resumirlo en dos palabras, un idiota racional. Idiota, porque es más bien una especie de Forrest Gump indio, y racional porque todos sus actos surgen de una bondad dirigida hacia la idea del Bien, del Bien racionalizado. Por ejemplo: una bondad no racionalizada sería aquella que posee a un niño cuando, en un arrebato paroxístico, ahoga a su mascota en un abrazo brutal. El origen es bondadoso, no cabe duda, pero el fin es irracional (mata). Khan solo hace el bien y hace el bien BIEN -ama al prójimo, denuncia a terroristas, hace de comercial “honesto” que habla de las cualidades y, oh, también de las pegas de sus productos. Etcétera.
Con este panorama, a la peli solo le quedan dos opciones: el suicidio artístico (por ejemplo, meter zombies, zombies nazis, vampiros zombies, vampiros nazis, vampiros en la Guerra Civil, zombies en la Guerra Civil…) o meter sexo o bailes/canciones. Y como la peli va de eso, de Forrest Gump, pero con indios, pues nada, a cantar. La moza de la que se enamora el idiota está de buen ver, es una mujer resuelta, divorciada, con un niño que la adora y al que adora, grácil, con un negocio propio, maciza, etcétera y con todo y con eso va a casarse con un retrasado. El cine puede enseñar tantas cosas… Luego suceden dos cosas, consecuencia una de la otra. Unos tipos tiran las Torres Gemelas, se genera gran odio hacia los musulmanes (por estas raras leyes sociológicas) y acaban cargándose al hijo de la india risueña, que culpa a su vez al autista. La cosa es que Khan es musulmán y la india risueña hindú, y estas dos religiones se llevan mal, como el cristianismo y el heavymetal, así que… Eso. Que la india le echa la bronca al pobre Khan por haber matado a su hijo. Sí, esa cara puse yo también.
Así que nuestro multicultural Forrest Gump se pone a recorrer América en busca del Presidente de los EE. UU. para decirle: “Mi nombre es Khan, y no soy un terrorista”, a ver si la peluquera maciza le perdona y de paso el niño resucita, en plan hindús zombies. Le detienen, ayuda a unos negros a reconstruir una iglesia (cristiana) como símbolo de la reconciliación entre religiones (un musulmán casado con una hindú reconstruye una iglesia cristiana, el evento es recogido por un periodista sikh y la mayoría protestante se admira del valor de Khan… ¿Adivinan qué creencia religiosa, vinculado con ciertos lobbies y ciertos problemillas en oriente medio, concretamente con los musulmanes, del que este Khan parece ser representante, no aparece mencionado en la película? No son los budistas, no.
Y conoce al Presidente. Es curioso este momento porque durante toda la película, Khan va persiguiendo a George Bush y sin embargo, con quien finalmente tiene el encuentro es con Obama. Y a Obama ¿qué más le da? En cuanto ganó, la búsqueda de Khan había perdido el sentido, puesto que el origen del problema hacia los musulmanes habían sido las políticas exteriores e interiores de Bush. Una vez apartado de la opinión pública, ¿qué sentido tiene contarle la milonga al nuevo? Obama y Khan se reúnen en una especie de discurso a la nación, le promete la resurrección del crío y Khan y su esposa hindú van desapareciendo, en un lento fundido en negro, mientras la siniestra risa de un judío u Osama Bin Laden va creciendo desde la lejanía… Creo…