Mugu |
mugu es el único blog que genera contenido propio, aunque sea una idiotez. |
Una tipa, taxista ella -Ágata Lys-, recoge a una yonki en Malasaña. La lleva hasta el Viaducto de Segovia y, allí, con la colaboración de unos tipos que parecen neo-nazis, la arrojan al vacío.
La siguiente secuencia corresponde a Ingrid Rubio. Es una muchacha a la que no dejan entrar en la universidad debido a sus malas notas (tiene cojones) así que decide raparse el pelo (toda la peli transcurre así, sin ningún vínculo lógico entre “causa-efecto”). El padre, que pertenece “secretamente” a los neo-nazis, la hace trabajar en el taxi. Allí, en el mundillo taxista, conoce a los neo-nazis, aunque ellos hacen todo lo posible para que no se les note, circunstancia paradójica ya que cuando te dedicas a tirar a gente por el Viaducto de Segovia y prender campamentos gitanos, puede y solo puede que llames la atención. También conoce al hijo de la taxista, que hace la mili y por tanto es también neonazi, del que se enamora. Hacen el amor y a Ingrid se le ven las lolas. Ingrid se llama en la peli Paz, es pacifista y por tanto escucha a Manu Chao.
Si nadie intuye por dónde van los tiros aún, pues aquí va. Paz cae en la cuenta de que son todos nazis, incluído su novio. Hay un tiroteo con travellings y picados a lo Visconti en el que el joven soldado, autor del asesinato de un marroquí, mata al cabecilla de los neonazis, hace las paces con Paz, ya que desde entonces promete no matar nunca a nadie más, sin que se lo merezca. La peli en general va de lo siguiente: en los noventa hubo una histeria generalizada alrededor de los grupos neonazis, en España. Allí y acá, unos cuantos descerebrados bajo cualquier pretexto se dedicaban a dar palizas a inmigrantes y a homosexuales, y la prensa, aburrida tras la crisis del 93 y el resurgimiento de la derecha empezó a dar la tabarra anunciando que en realidad eran una amenaza para la sociedad. Como entonces no había maltrato a la mujer o al menos no estaba de moda sacarlo en la tele, salvo para las campanadas de fin de año, los artistas en general se concienciaron de que había que hacer arte comprometido, ¿comprometido con qué?, comprometido con lo que pasaba en España. ¿Y qué pasaba en España? Que había nazis en Madrid que apalizaban a gente. Ya está.
El problema con la peli es que está mal hecha. Los neonazis que caracterizan son personajes que aparecen de entre las tinieblas y dicen: “Hola, me llamo Antonio Velasco, odio a los negros, a los maricas y a los gays. Hay que matarlos a todos, porque hay que limpiar Madrid de la chusma.” Y desaparece nuevamente en las tinieblas. Ingrid Rubio, que no puede bajar las cejas en toda la película, NO se da cuenta de todo esto y sigue como si nada. No hay un solo personaje de la peli que no pudiera ser convenientemente utilizado en un delirante sketch de Muchachada Nui. Hay una escena en la que un negro trata de venderle una baratija al soldado y a Ingrid. El tío va y dice: amigo, quieres baratija. Y el soldado que no. Y el negro que sí, y el soldad que no, y en el negro que sí, que barato, y al final el soldado le da una somanta de hostias al negro, que le saca dos cuerpos. Ingrid está decepcionada y no quiere volver a verle. Así que el soldado va y a los dos días le dice que buscó al negro por Madrid, le invitó a un café y le pidió perdón. Y el negro, claro, le perdonó. Si yo soy un inmigrante ilegal y un neonazi me busca por todo Madrid, lo menos que me apetecería, sobre todo después de una paliza, es tomarme un café con él. Un café por la Paz.