Mugu |
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Un tipo es americano y aventurero, peligrosa combinación para la Humanidad. Éste en concreto le da por hacer montañismo, ciclismo extremo y carreras por los cañones californianos y, de vez en cuando, agenciarse a unas chatis mostrándoles simas y cuevas y pasadizos y lagos ocultos en los cañones, donde se bañan y humidifican sus jóvenes cuerpos americanos. Es como un programa de Extreme Sport, de esos en los que americanos veinteañeros beben refrescos y gritan whoooa! constantemente, hasta que uno no sabe si realmente se están divirtiendo o padeciendo.
Todo se fastidia cuando un día el menda se cae por una de las grietas del cañón y su brazo queda atrapado en una roca. Es un cráter de lo más soso, nada que ver con las cristalinas pozas donde se bañó con esas ninfas de ciudad. El tío no puede sacar la mano y al final acaba por cortársela. Y sobrevive y se casa y tiene un hijo y vuelve a su mundana vida de americano aventurero, solo que con un brazo menos.
Otrosí. Nada podía ser tan bonito, y ¿cómo desaprovechar una cruenta historia de supervivencia que bien podría servir para mostrar lo bella que es la vida? Pues allá que vamos. El trozo de la película que hay entre el tío cayendo por la grieta y el tío rescatado en helicóptero se va contando con mucho plano detalle, mucho etalonaje raro y mucha confesión a la cámara: que si lo siento mamá por no llamarte, que si mi colega del curro es el mejor aunque detestaba mi rutina, que si me tuve que follar más veces a mi antigua novia, en fin, que un necesita amputarse un brazo a cuchillazos para darse cuenta de que hay que vivir la vida y morir sonriendo. Lo que hubiera sido un caso de justicia universal y una muerte ridícula y con premio por idiota (imaginad al que descubriera el cadáver de un tipo con la mano enganchada a una piedra haciéndose fotos con el esqueleto, ¡impagable y delirante!) se convierte en la fábula de la redención: haz el bien, porque no sabes qué roca está esperándote en un cañón al que te has dirigido imprudentemente sin teléfono móvil, ropa y calzados adecuados, actuando como un cafre, con tu MP3 con System of a Down, tu cámara de fotos Canon, tu cámara de vídeo Sony, tu bicicleta de 800 dólares Shimano y dejando la botella de Gatorade en tu PickUp Station Wagon, botella refrescada junto a varias latas de Pepsi en un refrigerador en tu apartamento en California. No sabes que roca será ni si esta tendrá tu nombre. Y si no lo tiene, ese espacio puede estar disponible para su publicidad.