Mugu |
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Una tipa es prostituta. No sabemos nada de ella, ni porqué decide ser prostituta (su familia no lo sabe, su hermano está casado con una directora de instituto, tienen pelas), ni porqué continúa siendo prostituta (no tiene vicios conocidos, no la amenaza ningún chulo) ni porqué piensa que nunca va a dejar de ser prostituta. Es de esas cosas que pasan, como las canciones de Manu Chao que invaden todo el film, sabes que todas las canta la misma persona, sabes vagamente que todas van de lo mismo: el altermundismo melancólico, pero no sabes distinguir muy bien cuál es una y cuál es la otra. Solo sabemos que se encuentra con una puti de Santo Domingo que es más alta, está más buena y tiene más problemas que ella, porque es ilegal, la pega un mamón con pinta de controlador aéreo, tiene un hijo allí en Saint Sunday, en fin, que lleva una vida de perros. Ahí reside la diferencia entre un buen y un mal personaje, sea puta o sea Edipo, lo que los intelectuales llaman la anagnórisis o lo que es lo mismo: que a un personaje le pasen cosas que le hagan cambiar de parecer. A la primera puta no le pasan cosas, bueno sí, que vive en el mundo de la piruleta y las princesas y se enzarza en discusiones de economía con otras prostitutas y peluqueras, algo que ni Elvira Lindo ni Lucía Etxebarría se atreverían a hacer. A la otra, por ejemplo, sí le pasan cosas: pues que la pegan mucho y al final pilla el SIDA o algo chungo y decide que esa vida es una mierda y que se vuelve a S.D. Lo que le pasa a Candela Peña, que hace de la prostituta a la que no le pasa nada es “prognosis” es decir: a hacer descripciones de la enfermedad, a diagnosticar, cual intelectual en medio del ajo, la enfermedad de la sociedad. Por ejemplo: que los tíos contratamos putas en el lunchtime y lo vamos fardando por ahí. Que las prostitutas también son personas y tienen derecho al amor. Que la culpa de que haya prostitutas es por culpa de la ley de la oferta y la demanda. Y algunos mensajes del estilo más que se van colando poco a poco en las dos horas lentas y largas de película. Ya está, ya lo he contado, muy bonita, se ven algunas tetas. No hay chulos, no hay drogas, no hay mafias y los poderes fácticos están metidos en el ajo de una manera siniestra y críptica.