Mugu |
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Un tipo está dando una misa, y en medio de la misa se pone a lavar los pies de unos monaguillos que están sentados en la primera fila. Otro tipo con bigote entra y se pone a mirar los pies de la gente hasta que encuentra unos que le gustan: es la mujer de la que estaba y está enamorado. La única putada es que esta mujer está enamorada de un ingeniero llamado Raúl, que además no es un capullo sino que es muy majete y cordial. Pero el tío del bigote la ronda que te ronda y al final, en una fiesta que monta el ingeniero, le da un morreo.
La siguiente secuencia muestra a la joven de los pies que sale corriendo y está a punto de ser atropellada por Raúl, corazón caliente donde los haya, que no puede resistirse a darle un paseo a su antigua amada: esto se llama elipsis. La mujer, con una crisis nerviosa, le cuenta a su ex-prometido que … (flashback) … su marido (el tipo del bigote) es no sólo un fiero constructor y latifundista mexicano, sino un tipo enfermo de celos, que no duda en agredir, maltratar, despreciar y golpear a su mujer y a cualquiera, y sin embargo, es un hombre, solo un hombre, que sufre, que tiembla ante su sirviente cuando le pregunta se debiera matar a su esposa, un hombre loco y un maltratador, pero un hombre que ama, también.
No creo que contar más ayude a comprender la película. Sé que había prometido ver alguna de esas películas que me habíais puesto en el FB, la de Mario Casas y María Valverde, os la puedo contar sin haberla visto: Mario Casas es malote, María Valverde es buenota, se juntan, se aman, FOLLAN, Mario se ablanda, María se endurece y al final uno de los dos muere. Cuán acertado estoy solo lo dirá algún espectador más ocioso que yo.
Ahora mismo ponen los Goya en la tele y me he detenido a escuchar a Álex de la Iglesia en su discurso de huída de la academia de cine, a Sinde impertérrita y luego han dado paso a una serie de archivos con Berlanga y blablabla. Creo que ha dicho algo así como: “el cine lo hacemos porque los espectadores nos dejan”. No me parece una mala salida, pero no va a hacer que Los Crímenes de Oxford sea una película mejor. Uno de los motivos por los que no he visto la peli de Mario Casas es que tenía que frotar con la escobilla del váter unas manchas de cal que han aparecido “súbitamente” en el inodoro, pero otra razón es que no he podido encontrarla. Ojo porque tiene tela: no he podido encontrar una copia de “A tres metros sobre el cielo” en todo internet. Puedo encontrar los X-Men, los últimos filmes de Kaurismaki, incluso películas que no sabía que existían, pero el hecho es que nadie ha considerado que “A tres metros sobre el cielo” con Mario Casas y María Valverde le pueda a interesar a nadie y nadie se ha molestado en subirla.
Y ese es el problema del que se ha dado cuenta Álex de la Iglesia hoy: se han dado cuenta que el compadreo, el codazo en las butacas de la gala, los posados para Fotogramas, las mútuas felaciones que se hacen cada año en galas como ésta, que no le importan a nadie, nos han llevado a ser los mejores espectadores del peor cine español en años. Puntualizo. El cine español no es malo: el cine español que se VE es el peor cine español en la historia. La gente clama en las salas, en los foros de internet, en los periódicos, en las escuelas de comunicación audiovisual, en los festivales de cortos, incluso en los bares dónde no se puede fumar y la gente anda arrebatada, que están aburridos de una clase cultural maniquea, que levanta el puño contra la Guerra de Irak, y a favor de los saharauis y a favor de los represaliados cubanos y sin embargo, y aplauden y jalean una Ley Corcuera de la Internet, un canon abusivo y, en definitiva, muestran un desconocimiento de cómo funciona internet y una falta de respeto absoluta hacia los espectadores: y todo esto, que se puede perdonar, porque se puede perdonar a Godard sus tropelías sesentayochistas, se puede perdonar a Maiakovsky su inclemente estalinismo y a Alfonso Sastre su casticismo proetarra, pero todo esto para poder ver, año tras año, películas como Campamento Flipy, A tres metros sobre el cielo o Balada triste de trompeta, la verdad: jode.
Cuando uno piensa en Buñuel o en gente como Fassbinder o tantos otros, que exiliados o pobres o ignorantes, en definitiva, que no tenían la oportunidad de la subvención, el enchufismo o el beneplácito de una prensa a la que nadie da ya crédito, o al menos no las tenían todas consigo, uno se pregunta si el estado actual del cine español no es más que un aliciente, una rendición de los cineastas de hoy, un consejo para los futuros realizadores: “mirad estas películas, mirad estos actores, mirad todo este dinero derrochada, estas historias estúpidas, estos guiones de cartón piedra: miradlos, porque seguro que vosotros lo podéis hacer mejor. Ánimo.”