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Un tipo es de la CNT y está metido en el maquis, pegando tiros y haciendo la revolución contra Franco. La CNT en el exilio manda un telegrama y le dice a todos sus revolucionarios por el monte que dejen de hacer la revolución, que ya está bien. Caracremada dice (es un decir que dice porque en realidad no dice nada en toda la película salvo “hay alguien”, “llama a tu padre” y “ahh”) que los cojones, que él sigue la revolución a toda costa. Ahora bien, si la lucha contra Franco y tal consistía en tirarse todo el día en el monte plantando patatas, bañándose en ríos y derribando torretas eléctricas durante diez años, Caracremada debía tener el mismo status que, por ejemplo, el Ché o Gadafi.
Flaco favor le hace esta película a la historia de Caracremada, muchísimo más jugosa que este raquítico filme que apenas contiene tres líneas y dos escenas donde haya algo más que el soporífero rumor del viento entre el centeno, y que de no ser por dos o tres símbolos de la CNT y la Guardia Civil podría tratarse de la vida y andanzas de un Víctor de Aveyron de cincuenta años cualquiera. Es de una pomposidad que dan ganas de saltar por la ventana y una vez en el suelo, subir de nuevo y volverse a tirar por la misma ventana. Porque tal y como se plantea este Caracremada resulta un puto coñazo del estilo Guerín o Luis Rosales: es decir, para que voy a crear personajes y tal pudiendo poner planos eternos luciendo la fotografía incomparable de los montes pirenaicos, los riachuelos de agua cristalina, el crepitar de las chicharras bajo el sol. Parece más un alegato tecnófobo, o espectadorfobo, como aquella innombrable Innisfree de Guerín, o la Ciudad de Silvia de ídem, o La Soledad de Luis Rosales, que se llevó un Goya para mayor minusvaloración de la misma. Sin más información que la presentada en la película concluyo: que la Guardia Civil son las torretas eléctricas y el mal y el fascismo y los que ejecutan maquis y ciudadanos inocentes y los que hablan en castellano, y Caracremada el que tira las torretas eléctricas y el bien y el campo y la revolución y los grillos bajo la noche plateada y el que habla en catalán. Y el que se lleva a la piba.
La peli es, cómo decir, algo más en plan Walden de Thoreau y todo eso, que un retrato más o menos particular del renegado maquis y de su lucha (que consistió en algo más que en tirar torres eléctricas, comer patatas y morir). Muy del gusto de festivales franceses y eso. De Cahiers de Cinema de ahora. De Kim Ki Duk. De pegarse un tiro.
Por cierto, Desnivel ya ha sacado tajada del asunto y ha creado su propio circuito maquis “Caracremada”. Lo que no dicen es si incluye tiro en el corazón al final.