Mugu |
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En esta nueva serie de Mugus, nos saltaremos la regla básica que hemos seguido hasta este momento: y es porque la serie que nos viene ahora es especial, tan especial tan especial que lo hace casi todo el mundo, no solo “un tipo”. Si no sabéis de qué va, posiblemente tampoco hayáis sido capaces de leer esto, así que.
Hachís:
Dícese del residuo producido por el cáñamo que, fumado y mezclado con exóticos adulterantes como la goma arábica, la tierra, el caucho, el papel de arroz y algo de tabaco, produce un abotargamiento continúo que a corto plazo produce empanamiento, vómitos, dolores de cabeza y mareos y por tanto, risas entre el resto de fumadores que no se han colocado lo suficiente y, a largo plazo: empanamiento de largo plazo, pérdidas de orina y memoria, lentitud mental y dedos resinosos.
Hay dos características fascinantes del hachís, que comparte con su prima la marihuana: la primera es el carácter socializador de la misma - el fumador de porros individual no existe, y si existe, se debe sentir la persona más miserable de la tierra: lo peor de un fumador de porros no es que fume porros, sino que su monomanía implica involucrar en su consumo a otros, por eso persigue, suplica, ataca a sus congéneres para que al menos le hagan compañía mientras se acicala los pulmones con hálito de pelos del culo. Un porro de una sola saliva es como un partido de fútbol sin porteros: no sabes cómo va a acabar el que apuesta - es posible que esto no tenga sentido si eres fumador de porros o no apuestas.
La siguiente características fascinante del hachís es el carácter a-b-s-o-l-u-t-a-m-e-n-t-e beatífico y sacrosanto que adquiere para su consumidor. El que fuma un cigarrillo, se la suda de dónde viene, qué aroma caramelizado disfruta, dónde lo empaquetaron, de dónde vienen las plantaciones de tabaco y qué marca de amoníaco utilizan para darle sabor. El fumador de hachís típico no sólo es capaz de distinguir el origen y calidad por su olor, sabor, textura, sino que seguramente tenga una plantación de marihuana en su casa a la que mimará con más mimo que a su propia novia, si es que la novia no es también del mismo palo, situación en la que la plantación sustituirá al hijo o, en los peores casos, a cualquier intercurso sexual, dispondrá de todo un santuario de bongs, pipas de agua, pipas de metal, liadores de cigarrillos, distintos tipos de papel, mecheros de cuerda que no dejan mal sabor, tabaco importado de Bolivia, vamos que tiene también algo de masturbatorio todo el ritual; comprará revistas y mirará con preocupación los avances de las leyes y políticas en Marruecos y en Europa, se dilatará en charlas sobre experiencias oníricas y exotérmicas y psicodélicas que agrandará en cada vuelta, y seguramente sean muchas vueltas las que dé.
Se puede conseguir fácilmente en Ámsterdam, en Marruecos y en el parque del Retiro.