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Un tipo francés abogado saca del patíbulo a unos terroristas, esos terroristas forman un país, en ese país no les gusta el libertinaje que se traen entre manos los franceses y sus diderot y montaignes y le dan la patada. El francés se llama Vergès y los terroristas Argelia.
Al tiempo, le dan a Israel un estado, por aquello de la Shoah y entre que aún quedan muchos nazis desperdigados por el mundo y no precisamente pobretones y que verdaderamente quieren acabar con los judíos y que hay mucho musulmán resentido, crean think-tanks postnazis para adiestrar y adoctrinara a los palestinos contra el estado de israel. Los palestinos, en mitad del polvorín árabe les copian los métodos y un poco las ideologías. Durante este tiempo no se sabe donde estaba el tipo francés abogado, quizá cuidando a Pol Pot, de consejero a Gadaffi, en fin, a todos los dictadores de las colonias francesas e inglesas por el mundo.
Hasta que aparece Carlos, que es del nuevo mundo y ve que aquello del terrorismo estaba muy bien en los 60 y los 70 (donde aparece un Sartre medio muerto defendiendo la lucha armada) y dice que lo propio es que las ideas vayan al márketing y las armas a la plusvalía: y dicho y hecho, el terrorismo como una empresa que te cagas. Y eso no le gusta a Vergès.
La peli va así, más o menos, solo que la mayoría de los personajes tienen tres o cuatro frases: no puedo decir eso, no puedo responderle, eso sería traicionar a… Así que el espectador tiene que inventárselo.
Que el surgimiento de un terrorismo de calibre tal como el musulmán venga de aquellos vientos bavieros, no es ningún misterio, que los grupitos o grupejos de pijos europeos se hayan apuntado al tocomocho es una cuestión de racismo: van a ser capaces los moros de mierda y no nosotros, los de Bilbao, Lérida o la Legión.
Por eso la televisión nos arroja tantos buenos recuerdos cuando nos reparten cada año las imágenes de documental, con bandas vhs que perturban el sonido, con glides que siguen cada movimiento, imágenes de nostalgia, como las de Homeini, Arafat, ¿qué hacíamos nosotros? ¿Jugar al scalextric, a los playmobil? Ah, que sería de nuestra infancia sin aquellas televisiones de fondo que anunciaban esquirlas y miembros reventados y gentes con barba poniendo bombas… Qué será de la infancia de los hijos del futuro, entretenidos en sus twitter y facebook, mientras en la pestaña de al lado Japón se cubre de radiactividad, Libia aplasta a sus rebeldes, Egipto no se sabe muy bien y Haití paraíso. ¿Cómo lo recordarán ellos / cuando yo no pueda recordar?