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Una tipa que presenta programas para niños se vuelve adicta a la heroína. Los ciento treinta y nueve minutos restantes son un resumen de tres años de su adicción: las recaídas, la relación con su madre alcohólica, cómo se prostituye para conseguir un pico y cómo todo se resuelve favorablemente.
Es decir: un auténtico rollo. Porque las historias de yonkis ya nos las conocemos: tenemos la prensa amarilla y un compendio más o menos extenso que va desde la sosa “Requiem for a dream” (¿por qué a todo el mundo le gusta esta película? A mí siempre me ha parecido una basura, Jennifer Connelly está demasiado buena para parecer un yonki, lo del consolador doble nunca lo podría hacer alguien colgado de heroína, y el montaje parece obra de un epiléptico…) hasta “El pico”. Así que ya nos conocemos todos. Amy Winehouse. Pete Doherty. This is London.
Bueno ¿y qué?
El problema es que desde el primer momento la adicción, la madre, la hermana nos importan una mierda. En fin, tienes un trabajo de puta madre y te enganchas a la heroína, arruinas la vida de tus semejantes y demás: nos da igual porque en ningún momento vemos ese sufrimiento, esa necesidad imperiosa de obtener, a través del ritual de la aguja, del papel de liar o del vasito de agua junto al orfidal, ese pasaje hacia una región oscura del alma y sobre todo, la vuelta de esa oscuridad: llámalo síndrome de abstinencia, llámalo depresión, llámalo complejo de Edipo. Toda esa parte se nos omite, para mostrarnos que la madre es una borracha sobreprotectora, la hermana una abogada despiadada que cree no ser la más querida y la drogadicta, que por serlo, ya es emotivo. NO HAY ANAGNÓRISIS. La protagonista no tiene ningún motivo para meterse en las drogas (y siempre lo hay, por retorcido que sea) pero peor aún, no tiene ninguno para salir de las mismas: el personaje no cambia a lo largo de la obra, por lo tanto aunque se recupere, y al final de la obra miren la costa de Suráfrica enternecidos, sigue siendo una adicta porque nada ha cambiado desde Clissold Park, nada ha cambiado en su madre, alcohólica y codependiente, nada ha cambiado a su hermana. Nada ha pasado.
Aquí les ha encantado a los críticos de teatro, pero es porque las entradas son gratuitas.