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Un tipo se despierta en una playa o similar. Es un pasajero de un vuelo transoceánico que se ha estrellado en una isla. Hay otros pasajeros, que completan el cupo de personajes secundarios de diferente etnia y color de piel que toda serie americana debe cumplir para no ser demandada.
En la isla ocurren cosas extrañas y hay muchos momentos de tensión: por ejemplo, un tipo dice algo, hay un zoom a su cara, luego cambia el plano al bueno que le observa y que levanta las cejas y ¡padam! ya tenemos un momento de tensión. Toda la serie es así, (qué has dicho, ya lo has oído, como es posible que John haya hecho tal cosa, pues sí pues sí). Solo que tiene una estructura arborescente: cada vez que hay un momento de tensión se abre un nuevo hilo narrativo, que suele ir de lo mismo de siempre, la redención, la piedad, el amor, es como la adaptación televisiva cualquier encíclica de Juan Pablo II, así que buá. (En este punto he de decir que solo he visto el primer capítulo y el último, todo lo demás me lo han contado o lo he leído en la Wikipedia, pero tal y como me lo han contado y habida cuenta de que ya he visto la misma serie en otras tantas similares me otorgo la libertad de decir lo que opino de ella). Hay pocos malos en toda la historia y los que hay no tienen razón para ser malos: son malos porque la maldad existe y puede ser pensada y alguien tiene que convertir la posibilidad de hacer el mal en una realidad malvada. No se entiende SU versión de los hechos: por qué quieren destruir la isla, por qué quieren matar a los otros, por qué no ayudan a los otros, por qué los buenos tienen remordimientos y los ellos no, no importa: son némesis a su costa, de quien sea, en todo momento, con vaselina.
Hay malos naturalistas/deterministas: no son malos porque sí, son malos porque el mundo les ha hecho así. Aparece por ejemplo una pava que estuvo en la cárcel por asesinato. Las series de éxito tienen esa habilidad: meter a personajes conflictivos en entornos a punto de estallar. Sin embargo, también tienen la costumbre de no desconcertar demasiado tiempo al espectador, no vaya a ser que le dé un infarto. Volviendo a la pava condenada por homicidio: no es que sea mala (una homicida) sino que su padrastro (el homicidado) la pegaba. Y por tanto es una homicida buena, y así todo el mundo tranquilo. Todas la biografías de los pasajeros son así, hay un punto traumático en sus vidas y en la isla se redimen. Luego la isla es el purgatorio. Ver las seis temporadas permite saber que se trata del Purgatorio de verdad y no el ideológico que ya se viene dibujando desde los primeros capítulos. Esto es lo novedoso de Lost: lo ideológico se vuelve Carne. Hay mucho spam religioso por toda la serie, sin ir más lejos los nombres de los personajes: Jack Shephard ( Shepherd = Pastor), Jacob (el del plato de lentejas), James Locke (John Locke, el del calvinismo, Dios escribe el destino), la luz que hay que visitar, la zarza, blabla.
A lo largo de la serie ocurren muchas cosas extrañas, que parecen vinculadas pero no, viajecitos en el tiempo, islas que se mueven, compañías misteriosas que investigan los fenómenos: demasiadas como para leerme la Wikipedia y, total, al final no tienen ningún sentido ni llevan a ningún sitio (la serie se titula LOST no porque estén perdidos los personajes, sino por la condición del espectador). Resulta que todo es fruto de los estertores de un moribundo y en realidad van al cielo. El cielo es representado como una iglesia.
Las cosas que suceden en la isla se pueden encontrar en varias obras y productos: El señor de las moscas, de Golding; La invención de Morel, del Bioy Casares; Relato de un Náufrago, de García Márquez; Robinson Crusoe, Stevenson; La isla misteriosa, de Verne y Gran Hermano, de Telecinco.
Entretenidilla pero seis temporadas me parecen una pasada. Salvo que paguen por escribir o actuar en ella, entonces, ¡viva!