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Un tipo de Los Ángeles va a recoger el cadáver de su padre a Australia. A la vuelta, el avión, que va lleno de lo peor de casa, se estrella y acaban en una isla preciosa, paradisíaca, pero donde pasan cosas muy extrañas. Los supervivientes confían en que les rescaten pero van perdiendo la esperanza así que cada uno comienza a buscarse ligues en la isla por si acaso.
El tipo es médico y siempre quiere arreglarlo todo por que se autoproclama líder de los supervivientes del accidente y se dedica a hacer campaña electoral prometiendo a todo el mundo que lo sacará de la isla. A la vez se aferra al poder amenazando con que él tiene el control de las medicinas. Le salen dos enemigos, un tipo calvo que antes iba en silla de ruedas pero que ahora anda y se dedica a cazar jabalís gracias al maletín de cuchillos que compró en la teletienda y un tipo duro con el que se pelea por el amor de la guapa. Pero a la vez le sale un escudero, un tipo gordo que cada vez está más gordo, lo que hace que se empiece a intuir que en esa isla pasa algo.
De pronto encuentran una escotilla que parece que es el descubrimiento del siglo pero que luego tampoco es para tanto. La escotilla da acceso a un bunker donde un funcionario que se pincha vivía tranquilo con su trabajo de meter unos números cada cierto tiempo en un ordenador que posiblemente no sea compatible con el Windows XP.
Pero resulta que en la isla no están solos, hay un grupo de gente que lleva mucho tiempo allí que se visten como mendigos pero que luego van a clubs de lectura y toman té en el porche. A estos tipos, apodados “los otros” parece que no les gustan las visitas así que en vez de ayudar a los supervivientes del accidente se dedican a espiarles, secuestrarles y obligarles a realizar trabajos forzosos. El líder de “los otros” es un tipo bajo y feo secundado por otro que se ha gastado sus ahorros en cosméticos rejuvenecedores y que se pinta los ojos para recordar cuando fue elegida reina del Carnaval de Tenerife.
Los supervivientes descubren que el bunker forma parte de una serie de construcciones repartidas por toda la isla que en su momento fueron ocupadas por unos científicos locos que descubrieron una inestable fuente de energía electromagnética enterrada en la isla y que decidieron que lo mejor era taladrar hasta llegar a ella a ver que pasaba.
En la isla hay otro tipo, promocionado por Marlboro, que tiene la habilidad de convertirse en humo negro, hacer ruido de cadenas y adoptar la forma de gente muerta. La madre de este tipo no le dejaba irse de la isla así que como él es muy orgulloso la lía parda con tal de conseguir escapar de allí.
El hermano del humo negro también habita la isla y es una especie de semi-dios al que le gusta que le adoren con motivos egipcios y beber vino y que tiene más mala hostia de lo que parece. Su misión es proteger la isla y putear a su hermano impidiendo que se vaya, posiblemente porque siempre le ganaba a un juego parecido a las tres en raya. Como intuye que su hermano lo va a matar tarde o temprano se dedica a buscar un sustituto para lo cual hace un proceso de selección con dinámicas de grupo y pruebas prácticas de la que resultan seis finalistas, a los que les explica que si han sido candidatos es porque sus vidas eran una mierda.
El tipo médico decide autoproclamarse sustituto, el resto de candidatos no se quejan ya que las condiciones laborales no les acababan de convencer. Su primera misión será matar al humo negro, lo cual consigue gracias a que el funcionario quita el tapón de unas piscinas naturales muy bien iluminadas, por lo que el humo negro pierde sus poderes, el sustituto aprovecha para currarle pero finalmente es la guapa la que se lo carga, al modo de las películas de acción, disparándole por la espalda sin dejar escapar la oportunidad de soltar un comentario ingenioso.
Luis es autor de este artículo y del blog No solo de rock vive el hombre