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Un tipo es inmigrante en alguna ciudad del País Vasco. Trabaja en la construcción, está enamorado de una colombiana que trabaja como sirvienta en un caserón que pertenece a una familia de rancio abolengo (y la patrona es Concha Velasco). El tipo es un poco inestable y se dedica a zurrar a todo aquél que le diga que su novia está buena. El primero que lo sufre es Yon González (un actor que sale en teleseries para adolescentes y para miembras de la tercera edad), pero no cuenta porque el papel para el que le disponen está precisamente para eso: para que le zurren. Debe ser una mierda que te encasillen como personaje pelele: solo sale para que le den un hostión y encima un sudaca más bajito que tú.
Pues bien, el tipo inmigrante se carga a su jefe en la obra en la que se desloma y corre a esconderse al caserón en el que trabaja su novia, sin que esta lo sepa. Puesto que el lugar es muy espacioso, puede observar, a lo largo de los meses la decadencia de una familia a punto de estallar y la lucha de su novia por sacar adelante al bebé de ambos sin que en ningún momento pueda intervenir.
Hay que tener mucho valor para traer una película que se podría parecer demasiado a las que hace Belen Rueda y meter a dos actores desconocidos para el público; tener narices o que Guillermo del Toro esté por detrás. Los riesgos que se asumen con esta cinta delatan las malas intenciones del Sebastián Cordero, director: dejar fuera a un actor que atraería a la teleaudiencia de “El internado” y enrocar, como secundarios, Concha Velasco y otros actores más potentes como Àlex Brendemühl e Icíar Bollaín para dar paso al romance silencioso entre Martina García y Gustavo Sánchez Parra, artífices y artificieros máximos de esta joya de narración angustiosa y metáforas encerradas, de una familia que se derrumba y en la que quien más atrapado está no es aquél que huye de la justicia y se entrega a vivir en el desván junto a las ratas, sino aquellos que por su condición social dependen y ejercen de verdugos de su propia existencia y la de aquellos que les acompañan.
Viva.