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Un tipo visita a otro tipo en La Habana y juntos se proponen liberar a Cuba del dictador que la gobierna.
El primer tipo es el Che Guevara y el segundo Fidel Castro. Los tíos se meten en la selva y poco a poco se van haciendo con todo el país, pues los campesinos y otra gente empobrecida se les va uniendo. Al final, triunfa la revolución y hasta hoy.
Lo más remarcable de la peli (o pelis, porque son dos) es el montaje, absoluta e intencionadamente puesto al servicio del mensaje. Ya que quiere evitar cualquier tipo de debate intelectual en imágenes, Soderbergh opta por lo siguiente: en la primera película presento al Ché Guevara como un romántico, en la segunda como una broma. A Fidel no lo saca mucho, lo cual confirma mi teoría de que Soderbergh no se quiso mojar: no es Oliver Stone (que hizo una película muy compleja sobre Fidel, con Fidel haciendo de sí mismo muy bien) y arreciar un temporal de esa magnitud no es poca cosa.
El 90% del metraje de la primera y segunda película es el mismo: el Ché y sus amigos por bosques, selvas, pueblos y campamentos, pegando tiros y comiendo. En la primera, al Ché todo le va bien: se muestra la explotación que sufren los campesinos, las ejecuciones sumarias a los que mancharon el nombre de la revolución y se ve, en fin, a un Ernesto Guevara dicharachero, lábil, electrizante en los discursos de la ONU, incluso seductor y con pinceladas de lo que estaba por venir en las revoluciones triunfantes, como su explicación de los porqués de las condenas a muerte. En la segunda se ve a un Ché asmático, abandonado por sus antiguos camaradas en el altiplano boliviano, perseguido por el fantasma de la mediocridad y del conformismo de los campesinos y sobre todo ciego: la revolución se estaba haciendo en las minas, no en el campo. En esta segunda parte es donde se abordan las preguntas que uno puede/quiere permitirse en la primera, solo que Soderbergh, que no es tonto, utiliza la omisión como recurso efectivo: si en la primera parte, dos jóvenes se lanzan a “liberar” Cuba, en la segunda son los campesinos bolivianos los que preguntan a) ¿por y para qué quieren liberarlos? b) ¿por qué ellos y no, por ejemplo, los mineros guiados por el PC?
A ambas películas les sobra una hora de metraje y se puede concluir que son filmes de acción con una fino barniz, tímido, casi etéreo sobre la vida y obra del Ché: lógico, pues cuando se retrata a un icono (y más en esta película, basada en la literatura que el Ché escribió en torno a sí mismo) hay que andarse con cuidado: los fabricantes de gorras y camisetas para preuniversitarios están a la que saltan.