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Un tipo es DJ y una noche se mete droga, tanta, que acaba restregándose pastel de crema por el cuerpo en un restaurante de alto standing. No se entiende muy bien porqué un restaurante dejaría pasar a un joven pastillero a sus premisas, pero el caso es que todos son alemanes y, como no los conozco así en abstracto, supongo que actuarán por el principio de bona fide que tanto se alardea de los países no-mediterráneos.
Le ingresan en una especie de centro de detoxificación del cual puede salir y entrar cuando quiera, excepto por las noches. Hacen una terapia absurda que consiste en “elevar las manos hacia el cielo” y tirarse sobre pelotas de goma gigantes. El DJ, que además hace una música mediocre - según su productora -, considera todo aquello una gran estupidez, así que, en cuanto le dan los análisis de lo que tomó el día del restaurante decide largarse. Nota: según la doctora había tomado MDA, MDMA, anfetaminas, cocaína, LSD, heroína, ketamina. No sé si en la misma pastilla, pero desde luego hay que tener cuidado con lo que se mete uno en Alemania.
El tío vuelve a casa y se encuentra deprimido y tal y descubre que su novia se ha hecho lesbiana, porque la pilla magreándose con una tía en su cama. La novia le dice que claro, que ya se sabe, que las drogas y las erecciones y que hay que abrirse a nuevas experiencias. El tío, que al principio parece cabreado, hace muy suyo eso de abrirse a nuevas experiencias y nuevas patas y comienza a comerle el cuello y luego viene la otra tía y acaban haciendo un trío sexual formidable. Como la vida misma.
El DJ sigue enchufándose y acaba por cargarse el estudio de su productora, que no le quiere ver más, su novia finalmente se vuelve homosexual del todo y el tío, desesperado, acude a su amigo, el drogata, que le da drogas, y se enchufa más y más. El final el tío acaba, por voluntad propia, en el centro de rehabilitación-manicomio (toda la película es así de desquiciante), y como es natural compra unas cuantas birras para sus colegas de rehabilitación y contrata a dos prostitutas modelo “travesti-recauchutado” de las que darán buena cuenta los individuos más pardillos del hospital.
El tío termina con delirios y sale y entra del hospital hasta que decide que ya está bien, que lo suyo es la música techno de toda la vida. Se medica contra la esquizofrenia que le ha provocado la noche y las drogas, y compone un pedazo de álbum que revoluciona la pistas de baile. La novia se vuelve hetero y regresa a sus brazos, se desengancha, abandona a sus colegas de drogueteo y se convierte en él mismo, DJ Ikkarus.
Nada de lo que aquí he escrito me lo he inventado. Todo ocurre tal cual - incluso más, como escenas de redención ante su padre luterano -. Solo le veo dos pegas a la película: una, que es un film de promoción del propio protagonista. Dos, que como usuario de centros de toxificación y de de-toxificación alternativamente (depende de si el año acaba en par o en impar) ninguno de los que en la película concurren tienen un mínimo de credibilidad. Suena como si al guionista un primo le hubiera contado de un amigo que tuvo un hermano que un día le ocurrió eso. No sé, como que uno no encuentra esa ketamina o esa pirula que te haga hacer esas cosas… Normalmente todo es más aburrido y anodino, como más lo que cuentas que lo que de verdad es. Qué chuminada de película…