Mugu |
mugu es el único blog que genera contenido propio, aunque sea una idiotez. |
Un tío se levanta un día. Es un día de invierno en una ciudad norteamericana, su viejo automóvil está arrugado, cree que el vecino se lo ha escacharrado y le deja una nota: Thank You.
Luego pasea por la playa, mientras oye voces en su cabeza, y aquí empieza el asco: “siempre me enamoro de la primera chica con la que me cruzo”, “conocería a más chicas si pudiera mirarlas a los ojos”, y oraciones de hipster seguramente fusiladas de algún blogroll de un quinceañero o peor aún de un cuarentaicincoañero comportándose como ídem. Y allí ve a una misteriosa muchacha, divertida, algo alocada, con el pelo teñido, con la que se encuentra en el café y luego en el tren y claro, hablan y se caen muy bien, y hacen cosas que solo hace la clase media-alta blanca: al lago helado a patinar y hablar de tintes del pelo y demás conversaciones que, a Dios gracias, colocadas tras la mampara del cine, dan así como gustito, pero en la realidad: imagina que estás en el Cercanías y una tipa que se acaba de meter un carajillo para el cuerpo, que lleva el pelo tintado de color azul cobalto se te sienta al lado y te empieza a dar la brasa con lo importante que es tener un nombre para cada tinte del pelo. Y si eres una chica imagina que te gusta Jim Carrey.
Otra cosa muy mona que hacen es que se van a un lago helado: Nunca se le había ocurrido a ningún cineasta, colocar a un chico y a una chica que se atraen haciendo el pavo en un río helado. ¿Lo he repetido? Es que sale como veinticinco veces en la película.
Bueno pues la pamplinada esta va de que estos dos se conocían de antes, pero como llevaban una relación de mierda, rozando el maltrato psicológico - vamos, lo que viene siendo el sustrato de la institución - pues ella, muy sabiamente decide borrar de su memoria al Jim Carrey y Jim Carrey, dolorido tras descubrir que su ex- le ha borrado de la memoria quiere su justo pago y acude él también a la clínica de borrado de recuerdos. Y luego el amor todo lo puede y se vuelven a encontrar y zZzZzZzZ. Flipa lo que se complican los directores de hoy para ocultar la sequía de ideas.
Todo esto que les he contado ocurre en quince minutos, así que ya saben la historia: ¿cómo rellena Gondry los otros 90? Pues a base de los recuerdos de Jim Carrey que, la verdad, son como los de otro cualquiera: idealizados, almibarados, previsibles. La chica es así como salvaje y alegre y el seriote y tonto del culo. Se van al cine, se van de cena, echan un kiki y demás.
Es decir: Isabel Coixet fusionado con Spielberg.